viernes, 1 de mayo de 2015

NOCHE CENICIENTA








Era una noche cenicienta,
el cielo cubierto de gris.
La gata maúllaba en la ventana...
¿quién sabe qué pasaba?

Todo lo que existe estaba rebautizado:
tu acababas de irte.
Ya no poseía manos sino caricias,
y mi boca era un gran beso.

Tu cuerpo impreso en el mío.
Tatuado piel con piel...
arrastrastrabas contigo también alma,
sueño y parte de mi silencio...

Sentada frente a la ventana
sólo escuchaba al otoño entrar,
pasos lentos y fuertes
y en un momento creí que volvías a mí...

No, tu partida ya había cavado un sendero
y no había vuelta atrás.
Me acurruqué, cerré los ojos lagrimeantes
y dormí con la noche colgada de mi ventana.


Paula

2 comentarios:

  1. Me encanta cómo escribes Paula, sabes conmover y esa es la cuestión.

    Un abrazo

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