jueves, 24 de marzo de 2016

Fugaz







Yo amaneceré enroscada en la luna de tu cabeza;
sonrosada por la amapola de tu sonrisa.
Envuelta en el manto tibio de tu piel tersa,
me desgajaré en trozos bajo tus caricias
y me desollaré en pétalos de cristal de néctar.
Amaneceré coronada de invisible aureola
que a invisible sueño le dará alma y vida,
y mágicamente cultivada en crisantemos locos,
mi cuerpo florecido será huerto todo,
derramado en humedades deliciosas,
embadurnado en manos maliciosas....

Me hallará la mañana cautiva de tu mirada:
fulgurante estrella prendida en mis pechos,
y anidada en mi corazón, como gema encendida
dormitará las horas escondida entre las redondeces
de mis turgencias de mujer, de virgen, de amante...
Mi pensamiento escarchado como un diamante,
colgado sobre la esquina más oscura de la alcoba,
echará sus sombras sobre la cama que nos cobije
en el centro del más grande de nuestros gozos,
donde perdidas entre lujurias palpiten las palabras
y amanezca desganado y pálido el sol ojeroso.

Amaneceré enroscada en tu cabeza de plata,
besando tus párpados, tus sienes cenicientas;
tu boca estrellada con los astros del abismo,
dibujada y dibujante de figuras, de contornos,
de lugares a dónde ahondar con tu lengua mielina,
de huecos dónde tallar a gusto del labrador,
martillando el placer en cada una de mis esquinas,
arrullando la caída de mi cuerpo como gaviota inerme
sobre el mar desarmado, embravecido de tus voluntades:
vorágine, torbellino, vórtice y silencio que excreta
hondas, bravías, y desencajadas soledades finales...

Yo amaneceré, y para ti seré lo que siempre he sido:
una luz, una sombra, un recuerdo, un rayo de olvido...






Paula

Una permanencia










Te encuentro impreso en mí,
como la huella que deja cicatriz
en el camino pavimentado.
Te veo anochecido en mí,
como el añil que tiñe el cielo
cuando el sol decide morir.
Te siento dentro de mí
como el puñal que desangra
y crecido en extrañeza avanza
sobre la abierta magnolia.
Te siento en mi entraña
como un grito esplendoroso de gloria...

E impreso en mí, integral,
todo tú y toda yo marchamos
hacia la ecúmine de nuestra historia.

Amar es una permanencia...



Paula

Rueda infinita










No logro comprender la rueda entre la noche y el día, la luna y el sol, la estrella y el alba... sencillamente quedo fascinada.
Una deviene en la otra y vamos de adelante para atrás o de atrás para adelante... 
Esta tarde es incipiente la primavera, sus retoños parecen florecer y crecer enardecidos en medio del vacío del invierno... y yo que apenas logro comprender la rueda infinita, el ir y venir, miro asombrada como dónde ayer no había nada, hoy brota verde y magnífico un diminuto tallo que seguramente dará una flor.
La vida es así, nacer y morir sin detenerse un segundo, sin parar, 
sin dejar de moverse, de hamacarse entre la una y la otra.
El amor es así, una oscilación permanente entre la ternura suave y la pasión arrebatadora, la tristeza es así, momentos largos de dolor y suaves momentos de olvido... todo, todo se mece, todo se mueve, todo se hamaca.

En el medio estoy yo, mirando con ojos aturdidos cómo es que la vida pasa, cómo es que va y viene, cómo es que todo queda igual y todo cambia...
Tal vez algún día llegue a comprender esa esencia que tienen el ser y el devenir.



Paula

Inexorable







Hay algo en mi interior,
un fuego que me abrasa,
un dolor intrínseco herido
un fugaz pasar que pasa,
un tímido y gigante deseo
una fúlgida aureola de oro
algo que callo y lloro
algo que brilla y no veo.

¡Cuántas lágrimas como broche!
¡cuántas estrellas fenecidas!
Tanto hallarme póstuma nacida,
tanto huir al día para morir de noche.

Hay algo que me llena
de arcana vacuidad:
una plegaria plena
del rogar perpetuidad
un camino sin sendero, 
un ir a dónde no se va.
Un raro ente que espero,
un darlo todo y no dar,
una oscuridad que me encierra
una brisa sofocante
un sentir que me destierra
un buscar determinante.



Paula

A tientas








Yo voy a tientas,
despojada de toda certeza.
Una voz me llama...
una voz desértica.
Así suena Soledad,
ronca y hueca...
tan honda como mar...
acostumbrada en su vejez...
¡Qué pena tan grande hoy volqué
en el pozo profundo de tus ojos!
ciego me tiendes la mano,
y yo contengo tu cabeza
sobre mi matriz escuchando esa voz...
¡Ay sueño de Dios!
...qué camino tan largo entre tú y yo...

Paula

Antes de dormir









En la torre de marfil de mis pensares y mis sueños,
a veces me inclino como al fondo de un pozo,
Pozo helado, escarchado, con las agudas puntas
de un anciano dolor... prendidas del corazón.

Los miro desvanecerse en la sombras,
se agrandan mis pupilas, se desvelan
y más allá del todo y de todo, sí, más allá:
va cayendo cayendo el peso somnoliento

Voy por surcos, rodeo menadros,
me oculto en los valles de tu manto de piel
y tendida sobre tu cuerpo  terso,
antes de dormir beso la boca del sueño.




Paula

El hombre que yo amo se eleva como tronco....








El hombre que yo amo se eleva como tronco
largos esquejes, profundas raíces,
y una retahíla espesa de palabras que
suenan como ecos cuando se aleja caminando.

Tiene boca de vampiro, y canta ruiseñor.
Sus besos sorben de mis labios mi aliento
y sus cantos me adormecen sobre su pecho
como una niña inerme durmiendo con Dios.

El hombre que yo amo es profundo como un pozo,
jamás se logra ver qué hay allá al final,
pero de su agua clara y fresquísima
bebo la vida, libo la muerte y sigo en mi andar.

Paula

Escucho la pregunta de una poesía rota









Escucho la pregunta de una poesía rota.
¿De dónde vienes?, profiere su ancha boca.
El cielo tiene un millar de búhos
como abrojos luminosos prendidos de su ser,
y mientras lo miro mi las labios callan
y mis ojos se vuelven esquejes en la lontanaza.
De esos tallos crecen sueños rebeldes,
esperanzas que se niegan a ser fatuas,
un montón, sí un montón de besos
colgados tras las nubes en la pálida distancia.
La noche es un templo azul y cansado;
el horizonte, los párpados oscuros y sellados;
yo, una figura en la rambla silenciosa;
y la poesía, una nube grande y tormentosa.
¿De dónde vienes? profiera su tersa boca.

Paula

martes, 22 de marzo de 2016

No puedo evitar







No puedo evitar que me alegre
el verte reír humilde,
desbordando una transparente simpleza
que se desdobla en cada mirada
y vuelve a integrarse en cada silencio,

y no puedo, tampoco, evitar
que un brazo de compasiva angustia
me estreche al dejarte pasar,
mientras quedo prendida a ese instante
que con tu sombra desaparece ya.

...Y me escondo en mi misterio
huyendo de las tardes del invierno
para refugiarme bajo las noches
que calladas me extienden su velo.

Pero no puedo evitar volver
para que nuevamente nos miremos
y la tibieza de la distancia
despacio acaricie mis labios
con una clase extraña de suavidad,

como no puedo, tampoco, evitar
el genio que palpita en mi pecho
cuando resbala, tímida, tu sonrisa
para caer desde tus ojos oscuros,
en una mueca, sobre la boca.

...Pero vuelvo a refugiarme en el silencio 
entre alegre y triste,
entre realidad o sueño,
voy de a poco, muy de a poco muriendo.

.... Y vuelvo, porque no se puede evitar.



Paula

El cadáver de la piel







En la bóveda cristalina de la memoria,
ha aparecido tu rostro envuelto en olvido,
han tejido los años la distancia, el silencio,
y han bordado los días el color de la lejanía...
Y como una estela fugaz en la noche de mi vida,
cruzaste volando el arco de mi mente
para encallarte en el rincón más perdido
donde yacen los sueños durmientes...

Te vi, astral, envuelto en neblina...
Aquellos ojos profundos que azoraban,
azorando la opacidad terca del recuerdo
que en haces de oscuridad desdoblaban
en un pliegue de luz, donde tu mirada
se sostenía firme en la rareza de la letanía,
en la hermeticidad confusa de las cabezas
y en la tinción desfallecida de nuestras vidas...

Ese rostro, que hoy he vuelto a ver,
como una imagen apoyada en su reflejo,
no sé si era tu rostro, o el espejo,
donde mi propia imagen se desprendía....
¡Y allí, cobrando vida, crecía y crecía!
hasta asombrarme con la ojerosa tarde
que sobre los huecos del recinto, hundidos,
echaba sombras sobre la fortaleza del Olvido...


El tiempo: amo y señor,
en sus fauces de emperador
se ha tragado la memoria del cuerpo,
la conciencia turbia con sabor a miel...
pero en medio de su boca de harapos
ríe erguido y por siempre intacto
el cadáver inextinguido de la Piel...



Paula



Lunas y corceles






Lunas y corceles han venido a buscarme.
Cabalgo loca: alma de gitana o de amazona,
y en medio del verdor del bosque penetrante
viajan mis estrellas eróticas: saetas infalibles
que aciertan corazones y destruyen pieles:
mantos incorregibles de perpetuos placeres
que mis astros quebrantan, y desintegran
bajo la luz de mis antojos venusinos.

Quiero llevarte, tacto a tacto, a mi centro mielino
de intrincada maleza, de vegetación espesa,
donde montaré tu rebeldía insignificante
y la doblegaré en mis rebeldías de amante.
Serás tan solo un cuerpo, ¡suma presa!,
y serás apenas un alma, ¡infinita belleza!
Recostada entre mantas se sostendrá tu cabeza,
triunfo estatuario: tus recovecos de marfil
entre mis lunas esparcidas en cielo añil.

Allí, antojadiza, “Venus afrodisíaca”,
velaré el derrame de néctar de tu cetro,
me bañaré a orillas de tu río de infinito 
y te arrastraré al cenit de mis delirios....
porque quiero, llevarte, contacto a contacto
al más sublime de todos los actos:
una comunión maldita de quietud y espasmo
en el silencio gimiente de una voz de orgasmo.




Paula

Noches







Las noches me atormentan con sus manos de incertidumbre.
No conozco un recodo de la oscuridad que me regale frescor,
El sueño no llega, la vida transcurre frente a mis pupilas.
Vendas de oro recubren estatuas y parques...¡ inmovilidad!

...Sí, permanencia, perpetuidad en la rambla frente al mar,
y allá abajo en las aguas sopla la brisa de otoño.
Cada caricia, cada contacto me vuelve más etérea aún.
Y me voy pareciendo a una estatua más.

Duele vivir en la tumba rosácea del Amor,
y duele Amor, suspendido, colgado de las sombras
y duele Soledad abismada sobre mi cuerpo.
Y duele que llegue la noche y me abrace en su frío.


Paula

A veces al mirar el otoño







Cuando los ojos miran tristemente
la caída de las hojas,
las voces apagadas susurran largamente,
y las nieblas de la tarde
que descienden suavemente,
en sus tules fríos envuelven tercamente
el tallo de las flores, 
los troncos majestuosos,
las estatuas en los parques
y los bancos silenciosos...

A veces el otoño se empeña duramente 
como un jirón grisáceo que se disfuma lentamente
olvidando su médula de oro, su raíz broncínea,
y las rojas alfombras que son su insignia...


A veces el otoño se extiende opacamente
como una mancha de nostalgia indiferente,
con turbia lluvia, con rezos de flor agostada
y plegarias susurrantes en las noches calladas…



Cuando los ojos miran tristemente
la caída de las hojas,
las voces apagadas susurran largamente,
y las nieblas de la tarde
que descienden suavemente,
en sus tules fríos envuelven tercamente
el tallo de las flores, 
los troncos majestuosos,
las estatuas en los parques
y los bancos silenciosos...

A veces el otoño se empeña duramente 
como un jirón grisáceo que se disfuma lentamente
olvidando su médula de oro, su raíz broncínea,
y las rojas alfombras que son su insignia...

A veces el otoño se extiende opacamente
como una mancha de nostalgia indiferente,
con turbia lluvia, con rezos de flor agostada
y plegarias susurrantes en las noches calladas…



No, no es la esencia del otoño la pena y la extinción.
…Pero a veces las miradas lo tornan pausado y tristón.

Paula









Inter poesías








La noche envuelve mi memoria hoy,
no es día de versos, no hay recuerdos,
no se lloran olvidos, no hay largos silencios…
Apenas jirones desparramados de viejos sentires…
Apenas trozos sueltos de futuros sueños…

Paula





Como mi alma







La tarde desteñida, manchada de oro,
penetra lentamente por la ventana.
El tiempo suspenso, arremolinado,
cuaja su silencio en risas atrofiadas.

Es en el florero, tan tristemente solo,
donde la rosa duerme eterna y opacada.
Tiene alma de mujer, piel de amante,
y una boca oculta repleta de palabras.

........................................................................
........................................................................

A lo lejos dibuja el paisaje tenue
la figura augusta de una vieja lámpara.
Erguida enorme, sobre la sombra incipiente,
reclama la grandeza de su antigua estampa.

El corazón de un atardecer, enmudecido,
pulsa lentamente sobre la flor pálida.
El reloj eterno de la misma vida
calla suavemente la hora escuálida.

…Es que la tarde lleva… prendida mi alma.

Paula

domingo, 20 de marzo de 2016

Desleída





Esta tarde estoy desleída entre mis pensamientos. No encuentro el punto exacto dónde detenerme, estoy casi perdida en mi letargo. La luz que palidece en la transparencia del cielo, parece acompañar esta especie de ensueño.
Me encuentro cansada de andar divagando, construyendo en la mente millones de historias: dialogando mis voces las unas con las otras... y yo en medio de ese gran debate o ese pequeño intercambio, según sea.
Desleída me acerco a contemplar los árboles que el verano viste con robustez, me alcanzan los aromas de los jardines, y me desprendo en átomos sobre el alfeizar: tan etérea, tan etérea es mi alma...
Una manita chiquita, se posa sobre mi hombro, y me vuelvo con la boca prendida en una sonrisa: mi hijo corre y salta, mientras, mi mente loca vuela entre sus movimientos rápidos y el añil profundo del horizonte.
¡Cuán extraña es la mezcla de la realidad y el pensamiento vago!




Paula

viernes, 18 de marzo de 2016

Recordando








Era azul la tarde, el poniente desfigurado por el fulgor del sol, era de viento la voz, y de estrella la risa.
No sé qué fue lo que permaneció en mí de aquel momento... sólo sé que el tiempo me lo trae en su colador gigante, a mi memoria, a mis sueños, a mi cuerpo; y siento, como aquella vez, el ímpetu extraño de abrazarte, el deseo insano por tu boca, y la dureza hermética de la distancia que construimos con los años, con las palabras, con los gestos.
...Pero es bueno a veces recordarte desde el amor, y no desde el olvido.



Paula

Otoñal










Tengo versillos de otoño
enredados entre papeles en la mesa,
colgando de manteles arrugados,
y de las tardes descoloridas y puntiagudas...
Tengo versillos en un cajón
donde se acumulan restos inútiles y polvo,
algunos son de celofán, otros no dejan ver la luz:
son hojas moribundas de árboles que una vez fueron,
son versillos desollados de un cuerpo o de un alma
que quién sabe si alguna vez habrá podido ser...
Tengo el otoño entre apuntes en las mesas,
entre girones en las papeleras...
y se me duerme las noches bajo la brisa tranquila,
perdido quién sabe dónde lo habré olvidado yo.
Paula

Otoño





Camino lentamente entre los haces de luz.
Otoño desborda su lluvia de colores... me siento a contemplar.
Ciertamente me recuerda un arco iris de colores bronceados.
Huelo al otoño. Mmmm, ahora lo llevo prendido en mi pecho.


Paula


Es la memoria







Es la memoria la bóveda inquebrantable de los destellos del pasado, un amor, su aroma, sus manos deslizándose sobre el cuerpo tiritante del amado. En esa memoria, triste a veces, solo reluce la opacidad de lo perdido, la extravagancia del dolor que se yergue inmarcesible sobre los dulzores de la vida, y en esa memoria cándida en ocasiones, se filtran los rayos dorados en haces de luz, la impalpable tangible emoción de un recuerdo anidado en el corazón que despierta los sentidos, la razón y eleva el espíritu, sabiendo entonces que lo que ya pasó nunca deja de pasar mientras duerma intocable e inalcanzable en un rincón del corazón.


Paula

Nunca llegaste





Nunca llegaste, mis horas sólo te presintieron.

Bajaba la luna la escalera y el manto oscuro me acurrucaba.

Fue en silencio y un poco rota que te esperaba.

La noche enjugó mi llanto en su pañuelo de estrellas.

Viví revoloteando tras los rostros amables,

o los ojos brillantes, o sin brillo, ¡con un dolor!,

porque también allí, en el espacio de lo que duele

podría hallarte esperando mi cobijo.

Hubo noches largas y días cortos, igual que,

grandes esperanzas y sueños rotos.

Y no llegaste, no nunca… ¡nunca llegaste!

Por eso elegí entregar mi cuerpo, derramar mi alma

en el vaso bendito donde los amantes andariegos

beben con fruición el jugo de las bocas:

sus manos estiradas buscando la caricia,

¡Ah sí, la caricia! Cómplice de dos caras

que sacia la piel y vacía el alma… sólo esas caricias,

tan sólo esas caricias me daban…

Y en un jardín de tallos largos mis ansias crecían

mientras libaba el vino de la soledad.

Un alma sola, un cuerpo solo…

Y no llegaste nunca y me devoró el anhelo.

Ahora, roída por el tiempo implacable pero justo,

ya no te espero, ni te presiento, ni te busco.

tan solo dejo transcurrir el día bajo un sol

en su inconsciencia, alegremente nuevo.



Paula


Ninguno ha sido tú





Ninguno ha sido tú.
Mientras hilaban y deshilachaban
rojas sintillas, ninguno fue tú.
Por todas las rutas de las sombras
fueron poblando recuerdos
y pariendo olvidos… no tú.

Me sentí tantas veces envuelta

entre los brazos fríos de la noche
de nuevo frente al mar…
Sin ti, porque nunca fuiste tú.

Fueron llegando alegres voces

con ecos en el verano profundo,
luego, discretas miradas de otoño,
y todas alzaban sus cabezas
para apoyarse en la matriz de mi ser.
No tú.

Y se me fueron desgranando los días

en mi jardín de cantos perdidos
donde hablaba con toda flor,
abrazada al tronco del árbol del limón.

Y se me fueron desintegrando las noches

en la choza en penumbras de mis pensamientos
donde enciendo velas, e inciensos

Ninguno ha sido tú.
Mientras hilaban y deshilachaban
rojas sintillas, ninguno fue tú.
Por todas las rutas de las sombras
fueron poblando recuerdos
y pariendo olvidos… no tú.

Me sentí tantas veces envuelta

entre los brazos fríos de la noche
de nuevo frente al mar…
Sin ti, porque nunca fuiste tú.

Fueron llegando alegres voces

con ecos en el verano profundo,
luego, discretas miradas de otoño,
y todas alzaban sus cabezas
para apoyarse en la matriz de mi ser.
No tú.

Y se me fueron desgranando los días

en mi jardín de cantos perdidos
donde hablaba con toda flor,
abrazada al tronco del árbol del limón.

Y se me fueron desintegrando las noches

en la choza en penumbras de mis pensamientos
donde enciendo velas, e inciensos
acurrucada sobre la almohadilla del silencio.

Pero tú… nunca fuiste tú.

Y te esperé entre demencia y olvido.
Beso forjado a pasión vacía y caricia.
Y sí, tantas caricias despojadas de ti.

Sí, tú… ¡ay de mi ser desleído en vacuidad,

porque tu nombre no lo bautiza,
tu boca no lo saborea,
tus manos, ajadas de misterio, no lo delínean…

Sí tú… ay de mí que apoyo mi sueño

sobre el hombro duro de la soledad
esperando la tibieza que no llega
en medio de un recinto de cristal…

Pero… no tú.
Acurrucada sobre la almohadilla del silencio.

Pero tú… nunca fuiste tú.

Y te esperé entre demencia y olvido.
Beso forjado a pasión vacía y caricia.
Y sí, tantas caricias despojadas de ti.

Sí, tú… ¡ay de mi ser desleído en vacuidad,

porque tu nombre no lo bautiza,
tu boca no lo saborea,
tus manos, ajadas de misterio, no lo delínean…

Sí tú… ay de mí que apoyo mi sueño

sobre el hombro duro de la soledad
esperando la tibieza que no llega
en medio de un recinto de cristal…

Pero… no tú.


Paula

Amor







Amor el tiempo se dilata cuando no te sé.
Las horas transcurren lentas, cuajadas de soledad.
... Y en este mundo opaco de no encontrarte,
una lágrima estrepita contra mi rostro.
Amor, ¿por qué será que el momento se prolonga
mientras hay en mí el dolor del vacío
y se contrae cuando irrumpes y rompes el cristal
extraño del silencio?

Paula

jueves, 17 de marzo de 2016

Las piedritas de los recuerdos









Las piedritas de los recuerdos han hecho pocillos en mi piel.
Una piel desgastada por el olvido, y aturdida por las memorias,
pero memorias de viles batallas de corazones nemródicos:
pasiones que aturdían mis días, alargaban mis noches:
pasiones empozadas en los rastros de los años,
en las ojeras que la tarde ha sabido pintar con fruición y dolor,
Y las ojeras que la noche ha embadurnado colgando de mis ojos:
pensando en ti…. De ti y para ti ha sido el ardor de mi piel…
Eres quién sabe qué sombra de mi inconsciente, de mis sueños,
de mis sensaciones que se esparcen y se contraen en el pensar.
Eres quién sabe qué cosa reflejada en el aljibe ahondado de mi alma…
Tal vez, solamente tal vez muera yo sin saberte… sin nombrarte con propiedad…
Has vivido y vivirás enclavado en las piedritas de los recuerdos
que como diges van colgando de toda la magna extensión de mi cuerpo
y la inagotable medida de mi alma.

Paula

No sé







No sé por qué maldita razón la lluvia
tiene eso de hacerme naufragar entre recuerdos,
un par de gotas abren ríos en mi alma.
Me siento débil y siento que la vida me soslaya
cuando viene a mi cabeza esa turbia asociación
lluvia llanto. Absurda asociación, ridícula asociación,
que se mezcla con una cucharadita de nostalgia.
No sé por qué maldita razón soy este trozo de corazón
húmedo y un tanto marchito cuando llueve.




Paula