viernes, 18 de marzo de 2016

Ninguno ha sido tú





Ninguno ha sido tú.
Mientras hilaban y deshilachaban
rojas sintillas, ninguno fue tú.
Por todas las rutas de las sombras
fueron poblando recuerdos
y pariendo olvidos… no tú.

Me sentí tantas veces envuelta

entre los brazos fríos de la noche
de nuevo frente al mar…
Sin ti, porque nunca fuiste tú.

Fueron llegando alegres voces

con ecos en el verano profundo,
luego, discretas miradas de otoño,
y todas alzaban sus cabezas
para apoyarse en la matriz de mi ser.
No tú.

Y se me fueron desgranando los días

en mi jardín de cantos perdidos
donde hablaba con toda flor,
abrazada al tronco del árbol del limón.

Y se me fueron desintegrando las noches

en la choza en penumbras de mis pensamientos
donde enciendo velas, e inciensos

Ninguno ha sido tú.
Mientras hilaban y deshilachaban
rojas sintillas, ninguno fue tú.
Por todas las rutas de las sombras
fueron poblando recuerdos
y pariendo olvidos… no tú.

Me sentí tantas veces envuelta

entre los brazos fríos de la noche
de nuevo frente al mar…
Sin ti, porque nunca fuiste tú.

Fueron llegando alegres voces

con ecos en el verano profundo,
luego, discretas miradas de otoño,
y todas alzaban sus cabezas
para apoyarse en la matriz de mi ser.
No tú.

Y se me fueron desgranando los días

en mi jardín de cantos perdidos
donde hablaba con toda flor,
abrazada al tronco del árbol del limón.

Y se me fueron desintegrando las noches

en la choza en penumbras de mis pensamientos
donde enciendo velas, e inciensos
acurrucada sobre la almohadilla del silencio.

Pero tú… nunca fuiste tú.

Y te esperé entre demencia y olvido.
Beso forjado a pasión vacía y caricia.
Y sí, tantas caricias despojadas de ti.

Sí, tú… ¡ay de mi ser desleído en vacuidad,

porque tu nombre no lo bautiza,
tu boca no lo saborea,
tus manos, ajadas de misterio, no lo delínean…

Sí tú… ay de mí que apoyo mi sueño

sobre el hombro duro de la soledad
esperando la tibieza que no llega
en medio de un recinto de cristal…

Pero… no tú.
Acurrucada sobre la almohadilla del silencio.

Pero tú… nunca fuiste tú.

Y te esperé entre demencia y olvido.
Beso forjado a pasión vacía y caricia.
Y sí, tantas caricias despojadas de ti.

Sí, tú… ¡ay de mi ser desleído en vacuidad,

porque tu nombre no lo bautiza,
tu boca no lo saborea,
tus manos, ajadas de misterio, no lo delínean…

Sí tú… ay de mí que apoyo mi sueño

sobre el hombro duro de la soledad
esperando la tibieza que no llega
en medio de un recinto de cristal…

Pero… no tú.


Paula

2 comentarios:

  1. Caradura...encima pitorreo

    (•_•)

    Una disculpa,y en pelotas a la puerta de mi casa...y te perdono

    Me siento generoso

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  2. Los versos ya dicen todo lo que el alma siente. Felicidades.
    Un abrazo.

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